Para comprender la situación actual debemos considerar que la agravación de las desigualdades sociales provocada por el neoliberalismo, refuerza hoy el carácter estructural de la marginación de la mujer en nuestra sociedad, reflejando una situación mundial global en el que las mujeres proporcionamos las 2/3 del total de horas trabajadas y producimos el 44% de los artículos alimentarios, mientras recibimos tan solo el 10% de los ingresos y poseemos el 1% de las propiedades.
El proceso de internacionalización mundialización erosiona todavía mas esta situación, mediante la ubicación masiva de mano de obra femenina en las empresas maquiladoras y en general en los procesos intensivos en factor trabajo, junto a los bajos salarios y la taylorización, mediante los fenómenos de feminización de la pobreza que sitúan especialmente a la mujer en los colectivos de parados y en la economía sumergida de los países desarrollados; mediante los procesos de flexibilización y precarización que consolidan la triple jornada (de las que dos no son remuneradas, y una es poco remunerada); mediante la reducción de los gastos sociales, que afectan a los servicios sociales, educativos, sanitarios, etc. que deben ser ahora solventados por el trabajo de la mujer; y mediante la reclusión de la mujer en el hogar, fortaleciendo los antiguos valores de dominación patriarcal y privando a ésta de su dimensión ciudadana-comunitaria.
Frente a esta situación, la Democracia Representativa se reviste de mujer haciendo creer que tiene un compromiso histórico para acabar con las injusticias y discriminaciones históricas sufridas por nuestro género, mientras oculta una realidad que sistemáticamente niega nuestros derechos. Así, la implantación de los mecanismos de la democracia delegada en el Estado Español ha sido el gran proyecto que ha tratado de neutralizar los mecanismos de participación y expresión social que necesita vitalmente hoy el movimiento de la mujer. Después de haber creado una mayoría con medios mas que dudosos, la democracia representativa aspira solo a reproducirse, descartando (en nombre de esa mayoría) todas las iniciativas de cambios procedentes de la minoría. Hoy, los sistemas de representatividad han sido suplantados por las decisiones de los núcleos que dominan el Estado y por las técnicas reproductivas de lo existente (monopolio partidista de los medios de comunicación, sistemas de representación electoral que ocultan las realidades nacionales, etc). Progresivamente, en nombre de la mayoría se elimina los derechos de las minorías y se sustituye el concepto de la representatividad de la democracia por el de la gobernabilidad del sistema.
La dura realidad muestra sin embargo que la situación actual de la mujer en Euskal Herria esta marcada por el paro creciente y la discriminación. El diagnóstico social nos muestra una situación en el que la mayoría de las mujeres vascas nos dedicamos al trabajo doméstico no remunerado; en el que la corresponsabilidad de los hombres en dicho trabajo no se ha conseguido; en el que las mayoría de las que trabajamos lo hacemos en la eventualidad y en la economía sumergida; en el que las mujeres seguimos percibiendo salarios sensiblemente inferiores a los hombres; en el que la tasa de paro femenino dobla al masculino (y es además, la mas alta de la Comunidad Europea), en el que la cuota de participación de la mujer en la vida pública no llega al 16% y en el que los mas altos niveles de pobreza están feminizados.
En estas condiciones, el poder femenino no puede limitarse a ocupar el espacio actual, desarrollando una sociedad futura que con una mayor presencia de mujeres en la élite política y en la vida pública reproduciría el modelo actual. Entre otras cosas, por que la lógica patriarcal que está en la base del funcionamiento del sistema actual, seguiría reproduciendo la desigualdad; es decir, la marginación de la inmensa mayoría de las mujeres y solamente serviría para una mayor legitimación del sistema social imperante. Al contrario, se trata de destruir los espacios de opresión, en un mundo global en el que se distribuya el poder a favor de las oprimidas y oprimidos.
La mujer es el ser humano al que solo se le ha permitido ser sujeto en la reproducción de la vida (en el sentido mas biológico del término). La sociedad patriarcal, capitalista e imperialista ha devaluado ideológica y culturalmente la importancia de ese proceso de reproducción y ha recluido significativamente a la mujer en todos los demás ordenes de la vida económica, social, sexual, política y cultural a ser OBJETO de las decisiones de los demás. Ello se manifiesta particularmente:
![]() |